5. El Pasado Prehispánico

5. El Pasado Prehispánico

“EL PASADO PREHISPANICO”, entre lo propio y lo ajeno.

Para el común de los mal llamados “mexicanos” (porque la mayoría no descendemos de los mexicas), gracias a la SEP y la televisión comercial, -que no es lo mismo pero es igual-, nada tenemos que ver con… “ese pasado prehispánico”.

En efecto, el ciudadano común, nunca se le ha enseñado a valorar y dimensionar su Patrimonio Cultural ancestral. La Colonia (1521-1821) y el neocolonialismo (1821-2012) han mantenido una eficaz política de “amnesia cultural” a través de “premio y castigo”. Si te aferras a la civilización invadida y sometida serás explotado inmisericordemente, no tendrás derechos, oportunidades y acceso a la justicia y al “progreso”. En cambio, si te asumes (disfrazas) de “conquistador- encomendero-patrón-moderno-globalizado”, se te abrirá un pequeña opción para que pertenezcas a la sociedad dominante.

Para ello hay que aprender español y olvidar tu lengua madre, dejarás tus tradiciones y costumbres y pasarás a ser “moderno” en medio de un gran vacío, es decir un obrero-empleado-periférico, consumidor de productos y una vida chatarra que alimenta al Sistema Neocolonial, serás un “despreciador-despreciado”.

Durante cinco siglos la civilización del Anáhuac ha sufrido una feroz exclusión de la vida económica, política, social y cultural. La “memoria histórica” casi ha sido borrada del pueblo de esta nación. Lo poco que se sabe del pasado ancestral, es el discurso difamatorio y doloso de Hernán Cortés (Las Cartas de Relación) hasta el de Mel Gibson (Apocalipto), en el cual nuestros Viejos Abuelos, creadores de una de las seis civilizaciones más antiguas del mundo, que inventaron el cero matemático, la cuenta perfecta del tiempo, el maíz y un largo etcétera, son reducidos a perversos caníbales, belicosos fratricidas, perpetuadores de incesantes sacrificios humanos, adoradores del aire, el agua, el viento, el sol y, por supuesto, del demonio.

El Patrimonio Cultural intangible y tangible de siete milenios y medio, que es lo único “propio-nuestro” que tenemos, que nos da un “rostro propio y un corazón verdadero”. Que nos proporciona una personalidad propia y original que nos identifica en el mundo, al igual que el de China a los chinos y el de la India a los indios, este

maravilloso legado de sabiduría es desconocido, despreciado y negado. La colonización lo ha tratado de borrar de la mente y los corazones de los llamados “mexicanos”, al forzarnos a tratar de ser “novohispanos” tres siglos (1521-1821), franceses (1821-1921) y ahora, gringos de tercera (1921-2012). Tercamente hemos despreciado “lo propio” y hemos tratado de copiar (con mal gusto, torpemente y a destiempo) “lo ajeno”. Jamás seremos más españoles que los españoles o más gringos que los gringos, pero siempre hemos tenido de ellos su desprecio y hemos sufrido el despojo y su explotación. El mexicano vive perdido en el “laberinto de la desolación” de ser un extranjero inculto en su propia tierra y de la esquizofrenia de tratar de ser algo que jamás podrá ser.

A partir de la década de los años sesentas, el Estado ha usado el Patrimonio Cultural tangible del Anáhuac para atraer turistas al país. Con Salinas de Gortari se incrementó esta política hasta llegar a convertir a las zonas arqueológicas en “Disneylandias Prehispánicas”.

Los directivos y arqueólogos del INHA se han prestado sumisamente, no así los trabajadores, a esta denigrante tarea de convertir nuestro mayor legado en una mercancía sin substancia. Sin embargo, el Patrimonio Cultural intangible, el maravilloso y milenario legado de conocimientos y sentimientos conocido como Toltecáyotl, ha sido ignorado totalmente por el Estado. Manoseado solo por un puñado de intelectuales orgánicos para ganar prestigio académico y dádivas institucionales, pero totalmente alejado y descontextualizado del pueblo que lo generó. Lo “prehispánico” es para libros académicos y para turistas. No para exaltar nuestra raíz civilizatoria, su valía, su presencia y su dimensión en nuestra sociedad. No para acrecentar y fortalecer el orgullo de ser un pueblo sabio y milenario. Presumir que está muerta la civilización del Anáhuac es un acto de barbarie e ignorancia maliciosa que transluce la xenofobia, el racismo y refuerza la colonización cinco centenaria de la clase dominante a los invadidos- ocupados.

Indiscutiblemente el futuro de nuestra Nación está en su pasado. En el descubrimiento y difusión de sus mejores valores y principios. La emergencia de la sabiduría milenaria de una de las seis civilizaciones más antiguas de la humanidad es la única posibilidad real que tenemos. No podemos seguir copiando ciegamente modelos externos. Los pueblos anahuacas y mestizos necesitamos volver nuestros ojos y

nuestra atención a la Toltecáyotl. Se requiere iniciar el camino hacia el centro y el origen de nosotros mismos, sin desconocer y negar, los valores y conocimientos que en estos cinco siglos la civilización del Anáhuac ha apropiado a su Ser, de otras civilizaciones y culturas. No existe “la pureza cultural” en ninguna parte del planeta. No se trata de negar el sincretismo cultural de que se ha entretejido en los últimos cinco siglos. Se trata en cambio de incorporar a lo que hoy somos –una nación mestiza-, la raíz negada que nos da vigor, continuidad y futuro.

No podemos enfrentar el futuro, ni la reconstrucción de esta patria desecha y dolorida, sin la herencia y el patrimonio más valioso que tenemos, porque si bien, poseemos elementos culturales importantes y valiosos de España pero no somos españoles, de Francia pero no somos franceses y de Estados Unidos pero no somos estadounidenses. Lo único que tenemos como “propio-nuestro”, único en el mundo, cien por ciento original, es la Toltecáyotl. Esta sabiduría que implica una forma de ver y entender el mundo y la vida es nuestro mayor potencial. Que se construyó a partir de la experiencia de vida de generaciones a través de siglos y milenios. Que exalta las más elevadas virtudes humanas para lograr la trascendencia existencial en el plano espiritual a partir de lograr el equilibrio entre el mundo material y el mundo espiritual. En la educación, el fortalecimiento de la familia, el comunitarismo y la solidaridad, la democracia participativa, el desarrollo espiritual y el respeto a la Naturaleza.

Necesitamos investigar, promover y difundir la Toltecáyotl entre los hijos de los hijos de los Viejos Abuelos toltecas, para que en la reconstrucción de nuestra nación obremos en consecuencia con esta sabiduría ancestral. Lo difícil no es hacerlo. Lo difícil es imaginarlo.

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Comentario (1)

  • Jose Silva Rosales

    Cuales son las premisas culturales sobre la que se basa la cultura Toltecáyotl

    junio 13, 2017 a 10:19 pm

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